Crítica de ‘La reina del convento’ (2024): Señor, llévame pronto
La reina del convento, a priori, sigue la estela de las comedias que desde hace unos años pululan por los despachos de las productoras españolas: comedias con riesgo cero, destinadas a un público “casual” que se acerque al cine atraído por el elenco de los cómicos de sus series favoritas. Suelen ser películas de poco presupuesto, poca ambición (para qué negarlo) y de consumo rápido pero que, tampoco lo neguemos, hacen industria. La reina del convento podría encuadrarse en este explotation de caras televisivas… pero no.
Que vaya por delante que me rompe tener que hacer esta crítica de una película andaluza, pero es que me cuesta encontrar algo que salvar de todo el conjunto. La trama de La reina del convento es una sucesión de elementos que no funcionan por separado ni en conjunto. En algún momento algo te puede sorprender o incluso hacer sonreír… pero es que no es gracioso, no hay chispa, no hay frescura. Es que no hay de nada.
El plato fuerte de La reina del convento debería ser su reparto, una reunión de grandes cómicas televisivas. Con un elenco así, uno esperaría que al menos ellas merezcan la pena. Aunque el guion no fuera una maravilla, aunque la directora no supiera bien manejar los resortes de la comedia… pese a eso, son actrices que sobrepasarían con su presencia cualquier deficiencia ajena. Pero qué va. Nada.
Ninguna brilla ni tiene un momento de lucimiento, van todas con el piloto automático, ni una sola se erige como roba escenas. A Aída Domènech supongo que la han contratado para que publicite la película en redes (y para justificar que vaya todos los años de invitada a los Goya sin ninguna razón), pero es que tampoco hace nada. Hay una sensación de que nadie en el elenco creía en la película y ninguna ha dado la cara por ella.
Y ha llegado el momento de abrir el melón: Mario Vaquerizo.
La película recae sobre los hombros de alguien que, de verdad, me imagino que fue una imposición de la productora (si no, no me lo explico). No sé hasta qué punto esto es una buena estrategia comercial. Ha creado un personaje que le ha funcionado, porque es inteligentísimo, pero no sé yo si alguien pagará una entrada para verlo en una película.
Por suerte, no hace el “Mario Vaquerizo”, sino que intenta actuar. Pero claro, el problema es que hablamos de un intrusista profesional. Sin tener talento (ni la más mínima formación) no ha dejado de trabajar en prácticamente todos los campos que ha querido a un nivel A+++: interpretación, periodismo, música, diseño de moda… Y no lo digo como algo elogiable ni muchísimo menos.


Me puedo imaginar lo que tienen que ser los Marios Vaquerizos de la vida para una persona que se haya matado a estudiar y trabajar y que la realidad les pase por encima una y otra vez. Que venga alguien sin talento, formación (ni vocación) y le den el trabajo al que difícilmente tú podrás aspirar… eso jode. Así que, cada vez que te entre el síndrome del impostor, piensa en Mario Vaquerizo (o no, porque igual te cabreas más).
Por cierto, señores cineastas, por favor, que sé que me estáis leyendo. Si los actores no son andaluces y no tienen la capacidad de reproducir el acento… de verdad, no lo intenten. Es que no. Es mil veces mejor un Mario Casas en Grupo siete haciendo de sevillano que habla en madrileño antes que un Mario Vaquerizo hablando con la “s”. Me quedo con un El hijo, con todos los personajes sevillanos hablando como señores de Valladolid. Me saca menos de la situación (y de mis casillas). De verdad, que yo soy el primero en defender la libertad de los cineastas para contar las historias como cada uno considere, que grito a los cuatro vientos que en el arte nada está ni bien ni mal, que todo se puede hacer porque el artista es soberano de su arte… que sí, pero esto no. Por lo que más queráis.
Pero quiero terminar con unas palabras para Carmen Perona: Me hago una idea de lo que es haber puesto todo el amor del mundo, toda la ilusión, el trabajo, el esfuerzo, todo en un trabajo que no ha funcionado. No pasa nada, de verdad. Piensa en David Fincher, su debut fue la vilipendiada Alien3, que le cayeron todas las ostias del mundo por ella. Sin embargo, su siguiente película fue una fucking obra maestra.
Que sepas que aquí estamos todos esperando tu Seven.
